DIARIO DE UNA CIUDADANA AGREDIDA: DERECHO A DEFENSA

Leí y escuché varias veces en la semana una de las historias de discriminación homofóbica verbal mas agresivas de la que me acuerdo en el último tiempo. Porque no se trata de gritarle marica a alguien, sino de agredir desde las tripas, agredir con repudio. Me refiero a la historia de Simonetti, que iba en un ascensor cuando un hombre de unos 70 años de edad se sube al mismo ascensor y apuntando con su boca hacia atrás, donde se encontraba el escritor, le dice a su mujer en el oído “no se nos vaya a pegar el sida.” Simonetti lo increpó, y así comenzó a gestarse una agresión por parte del “caballero”, que terminó cuando se bajó del ascensor en el piso que le correspondía. Nadie dijo nada (me refiero a las demás personas que iban en el ascensor). Nadie dijo nada hasta que el caballero se bajó y entonces alguien dijo: no le haga caso… 

A usted le puede molestar un homosexual, como a tanta gente; a otros no nos importa, porque así como mi heterosexualidad no es de su incumbencia, la homosexualidad del otro tampoco es de la mía. Todos podemos pensar distinto, si, pero sea respetuoso, no juzgue ni califique. 

Mas allá de tratar el tema de la homofobia, del que se ya se comentó bastante y por cierto con justa razón, a mi el encuentro me pareció agresivo desde varios puntos de vista. Uno, el más relevante sin duda es que el señor Simonetti no tienen por qué sufrir agravios por su sexualidad, pero ¿y los demás? ¿Por que no dijeron nada? ¿No fueron acaso agredidos también? Esta bien no meterse en un asalto… ¿pero qué pasará en la cabeza de una persona ajena a la discusión pero inmersa igualmente? Probablemente yo si habría tenido palabras para el señor … o a lo mejor no se me habrían ocurrido en el momento, a lo mejor me habría quedado congelada como los demás. Pero me habría sentido muy agredida, eso si. Porque lo mas probable es que las personas que se encuentran en un ascensor de una clínica, vienen de visitar familiares o amigos enfermos, de mayor o menor gravedad, niños recién nacidos, o a lo mejor vienen de hacerse exámenes, de terminar turnos de trabajo, de recibir una buena o una mala noticia. Por ende, en un ascensor hay un sinnúmero de emociones flotando confundidas, emociones que vienen saliendo del corazón y están recién en ese proceso de búsqueda del lugar preciso del cerebro donde alojarse. 

Debe ser un momento complejo, porque no se sabe qué pasa en la vida de unas 8 personas silenciadas por su propia reflexión… entonces me pregunto yo, ¿QUE DERECHO TIENE ESE PERSONAJE PARA IMPORTUNAR ESE PROCESO INDIVIDUAL CON SU AGRESIVA IGNORANCIA? 

Entonces ¡sí me habrían agredido! a las personas del ascensor las agredieron también y creo que cuando a uno la agreden hay que defenderse.

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